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Hay
en el término municipal de Canicosa una extensión superficial
considerable de pradera en la que hasta nuestros días, se ha
aprovechado el fruto anual de la misma, es decir, la hierba.
La forma
de explotación ha variado con el tiempo. Yo aquí hago el relato de
la siega tiempo atrás, hacia los años 50. Lo que recuerdo del
proceso es más o menos lo siguiente:
De
madrugada sobre las 6 de la mañana marchaban los segadores con su
dalle picado para iniciar la siega. Pero antes de empezar a segar se
hace la partición del prado consistente en echar la línea entre dos
puntos o mojones. Un hombre en un mojón y el otro caminando con los
pies a rastras para tumbar la hierba, unos
200 ó 300 metros en línea al mojón contrario, para así marcar
la divisoria de prado o propiedades.Con frecuencia se
producían disputas, por tales divisorias porque alguien se torciera
al delimitar las hileras.
La siega se
desarrolla a base de cambadas y cuando el dalle se "cansaba"
se le daba pizarra, operación que consistía en llevar una colodra
con agua colgada del cinto y en ella se metía la pizarra que se
pasaba por el filo del dalle, para eso, para afilarlo y que
continuara cortando.
Sobre las 9 de la
mañana acudían las mujeres al prado con su capazo llevando los
almuerzos: su patata arreglada, torreznos, chorizo de orza, costilla
u otros alimentos como sopas de leche o huevo frito. La bota de vino
no faltaba.
Mientras los segadores
hacían un alto para el almuerzo, las mujeres espaciaban la hierba a
brazaos con las manos. Terminado esto, las mujeres se subían a casa
a hacer la comida para volver al prado hacia las dos, en plena
canícula, a dar vuelta a la hierba con la orca.
Hacia las 5 de la
tarde los segadores bajaban al prado para seguir segando. Por su
parte, las mujeres acudían con el rastro para ir recogiendo la
hierba en montones y tornahilos, que son hileras largas para
facilitar la carga del carro. Este se cargaba con un horquillo desde
el suelo que alcanzaba la hierba al que estaba montado para
recogerla. Éste preparaba la carga extendiendo la hierba para llenar
cuanto más y mejor el carro, incluso competir con otros cargadores
en la cantidad y disposición de la carga. Una vez el carro estaba
cargado se ataba la hierba con unas sogas largas que salían del
ubio hasta unas varas que había atrás en el carro.
Seguidamente se
hacia un descanso para la merienda: chorizo y jamón era lo más
apetecido, regado todo ello con un buen vino en bota.
El hombre y en
ocasiones también las mujeres conducían el carro hasta la casa para
meter la hierba a la cámara. Se metía a bracil, que era una
cinta ancha que se colocaba en el suelo sobre la que se echaba la
hierba encima para luego apretar con la argolla y hacer más grande
el bracil, que era cargado a espalda de la bracilera. Su destino era
la .cámara donde se amontonaba.
Los muchachos
gozaban con triscarla y apretarla y así tener más espacio para meter
más al día siguiente, que continuaba la operación hasta terminar la
siega de las Azas, Verdinal, La Cañada, La Vega., El Prado del Toro,
La Piñuela, etc.
La hierba así
almacenada serviría de alimento al ganado en los duros meses del
invierno, cuando la nieve y los hielos impedían al pasto de las
praderas.
Silvia Campo
Pascual
Para "El Pinachón" 2002

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